Lisboa en un día

Aunque 24 horas puedan parecer pocas para conocer Lisboa, lo cierto es que si empezamos temprano el recorrido, el día puede dar mucho de sí y servirnos para descubrir la esencia de esta ciudad. Os presentamos debajo nuestro itinerario para recorrer Lisboa en un día.

Itinerario “Lisboa en 24 horas”

Mañana – Graça y Alfama

Tomad un buen desayuno y llevad calzado cómodo para comenzar el itinerario por la parte más auténtica pero también más dura de nuestro recorrido. Vamos a conocer la vieja Alfama, el barrio más auténtico de Lisboa pero lleno de cuestas empedradas.

Hay que coger a primera hora el tranvía 28 (para evitar las largas colas que se forman a partir de media mañana) en la plaza de Martim Moniz, y bajarnos junto al Panteón Nacional (parada Campo de Santa Clara). Tras ver esta monumental cúpula (si subís a la cuarta planta disfrutaréis de unas buenas vistas de Alfama) podemos bajar callejeando hasta el Mirador de Santa Lucía (unos 15 minutos a pie), donde podemos sentarnos a hacer un descanso y contemplar una bella panorámica del Tajo. No olvidéis, mientras recorréis Alfama, observar los pequeños detalles que hacen de este barrio un lugar lleno de personalidad: los azulejos en las fachadas, la ropa tendida en los balcones, las coloridas puertas de las casas…

Desde el mirador continuaremos siguiendo las indicaciones hacia el Castillo de San Jorge (a 5 minutos) y subiremos la pendiente hasta el acceso al recinto. Una vez adquirida la entrada, preparad la cámara para sacar, desde el mirador, las fotos más espectaculares de Lisboa. Desde el castillo es fácil llegar hasta nuestra siguiente parada: la , catedral de Lisboa. Tras una visita rápida (no es una catedral muy grande pero, si os interesa, por unos euros extra podéis entrar a su claustro) seguimos caminando en dirección al Tajo hasta alcanzar la Casa dos Bicos, con su fachada revestida de piedras talladas con forma de diamante y residencia de la Fundación José Saramago.

Mediodía – La Baixa

A 5 minutos a pie desde la Casa de los Bicos se encuentra la emblemática Plaza del Comercio, antigua entrada marítima a la ciudad. Tras tomarnos unas cuantas fotos junto a la estatua ecuestre de José I, pasaremos bajo el Arco del Triunfo para desembocar en la Rua Augusta, una de las arterias comerciales de Lisboa. Ha llegado el momento de hacer una pausa para comer.

En Rua dos Sapateiros encontraréis buenos locales donde probar platos típicos de la gastronomía portuguesa (por norma general, huid de los que tengan el menú expuesto en varios idiomas, pues están enfocados únicamente a captar turistas) y buscad los más pequeños y menos llamativos, mucho más auténticos y caseros. Podéis acercaros a Uma, en el número 177, donde preparan un riquísimo arroz con marisco a un precio increíble. En Adega da Mo (número 199/201) sirven buen pescado en un entorno familiar y A Licorista O Bacalhoeiro es otra opción recomendable para disfrutar de la comida tradicional a un precio muy competitivo.

Con la barriga casi llena, vamos a por el postre, porque el día no estaría completo sin probar los famosos pasteles de nata. Basta un paseo por la Rua Augusta para encontrar numerosas pastelarias llenas de tentaciones, pero para nosotros ya es tradición comernos un pastel de Belem en la puerta de la Pastelaria de São Nicolau.

Para quemar tanto azúcar podemos dar una vuelta por las tiendas de la Baixa antes de acercarnos a la Rua de Santa Justa, donde tomaremos el famoso elevador que nos conducirá hasta la siguiente etapa, el elegante barrio del Chiado. Antes de cruzar la pasarela que lleva hasta las ruinas del Convento do Carmo, echad un vistazo desde el mirador del Elevador de Santa Justa, que ofrece una preciosa vista del Castillo de San Jorge, la Baixa y el Tajo.

Tarde – Chiado y Barrio Alto

Tras dar una vuelta por el antiguo Convento do Carmo, vamos a perdernos entre los cafés y librerías bohemios del Chiado: los bibliófilos encontrarán su templo en la librería Bertrand (Rua de Garrett), y seguro que veréis a unos cuantos turistas haciéndose una foto con Pessoa frente al café A Brasileira. Desde aquí podemos pasear hasta la Plaza Luis de Camoes y acercarnos al mirador de Santa Catalina para hacer un descanso y tomar algo en uno de los lugares más animados de Lisboa.

Volvemos sobre nuestros pasos hasta alcanzar la Rua da Misericordia, desde donde nos adentraremos en el Barrio Alto para descubrir sus muchos restaurantes y locales de copas, repartidos entre callejuelas repletas de galerías de arte y tiendas de diseño.

Como colofón a este largo día, una sabrosa cena: para los románticos, en Cien Maneiras (Rua do Teixeira, 35). Para los más tradicionales, en Cantinho Do Bem Estar (Rua Do Norte, 46). Para bolsillos ajustados, en Rei D’frango (Calçada do Duque, 5).

Y para todos, un chupito de ginjinha para celebrar que ya le hemos tomado el pulso a Lisboa y, sobre todo, que hay que volver (eso sí, con más tiempo).

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